24 de marzo

Vi en unos ojos negros pleno rojo ardiente. Lágrimas escondidas en cada esquina por sonrisas ajenas con intenciones hacia un "bien común". Tus manos gritaban lo que tu boca no podía. Tu piel envejecía en cada dolor callado y reprimido.
¿Por qué llorás? me preguntaba una voz ignorante, llena de felicidad inconsciente. Ida de realidad.
Sentí que ya no podría más cuando las excusas no alcanzaban. Nunca alcanzan. Sentí esos ojos llenos de furia arriba de todos y fuera del mundo. Lo vi y me miré. Me encontré tan vacía de vida que la misma muerte hubiese sido abandonar.
Agotada de ahogarme. De que nos ahoguen con armas y silencios. Enferma de mentiras y de un miedo desconocido.
Sabía que no tenía que dejar de mirarte. Tus ojos, a pesar de todo, tenían esperanza de vida.
Quizá mucho amor y, en parte, inocencia... Quizá premonición.
Y no pude escribirte. No pude despedirme ni llorar. Mis palabras fueron revividas en alguna sábana olvidada a oscuras de la verdad.
La verdad era olvidada... o eso querían. Tu voz era asesinada por millones de gritos. Sí. Pero tu verdad se escuchaba por encima.
Eso querían. Callarnos y alejarnos.
Eso deseaban. Envenenar con mentiras hasta su propia verdad.

Fui un grito, una patada. Fui lo que no sabía que eras. Y vos sos tanto... aún sin conocerte.
Pero, al final, soy. Con pedacitos de mí y llena de otros. Con ilusiones de vos y de ojos enfermos. Soy lo que deseamos que sea. Soy yo, con mi historia y mi dolor.
Solo espero que algún día la puedas conocer.

Comentarios