Relato para mí misma
Será que te vi
alborotada en sentimientos. En tu confusión de no mostrarte pura, teniendo que
esconder esa fuerza y energía que te caracterizan en simple frialdad y
distanciamiento que te impusieron inconscientemente en las actitudes tomadas.
Tu mecanismo, triste y desolado, de defensa. Será eso, o tus simples ojos.
Negros y puros, realmente puros.
Tus ojos y no importaba nada más. Dos llamativos puntos negros, chinos, pintados. Y una sonrisa pícara, escondiendo total rebeldía.
Tu lema: contra el mundo. Y que bien marcado lo tenías. Era frase de encabezado, subtítulo y entre líneas. Eras un párrafo, sin punto final ni sangría. Con muchos espacios, puntos seguidos y comas. Oraciones largas y cortas. Más cortas que largas. Más versos que escritos.
Puro ritmo de letras.
Será tu manera de tomarte las cosas. Calma, tranquilidad, por más que tu mundo se esté dando vuelta de a poco.
Será que sos vos, por eso escribí. Será que algo me hipnotizó. Me sacó de mis casillas y me colocó en otro lugar. Tiraron los dados marcando un número que no jugué o que, por lo menos, no hice caso. Un ping pong de ideas alocadas en medio de mi cuerpo, en mis piernas. Papel, piedra, tijera.
No.
Piedra, papel o tijera. ¿Tijera, papel, o piedra?
O será simplemente tu llanto. Esa simple agua saliente de tus ojos. O tu ternura escondida pero potente, tu sensibilidad, tu aroma. Será que era todo eso… o tal vez no. Será que era. Que era mucho. O tal vez fue. Mezclaba mi cultura y chocaba.
Tus ojos y no importaba nada más. Dos llamativos puntos negros, chinos, pintados. Y una sonrisa pícara, escondiendo total rebeldía.
Tu lema: contra el mundo. Y que bien marcado lo tenías. Era frase de encabezado, subtítulo y entre líneas. Eras un párrafo, sin punto final ni sangría. Con muchos espacios, puntos seguidos y comas. Oraciones largas y cortas. Más cortas que largas. Más versos que escritos.
Puro ritmo de letras.
Será tu manera de tomarte las cosas. Calma, tranquilidad, por más que tu mundo se esté dando vuelta de a poco.
Será que sos vos, por eso escribí. Será que algo me hipnotizó. Me sacó de mis casillas y me colocó en otro lugar. Tiraron los dados marcando un número que no jugué o que, por lo menos, no hice caso. Un ping pong de ideas alocadas en medio de mi cuerpo, en mis piernas. Papel, piedra, tijera.
No.
Piedra, papel o tijera. ¿Tijera, papel, o piedra?
O será simplemente tu llanto. Esa simple agua saliente de tus ojos. O tu ternura escondida pero potente, tu sensibilidad, tu aroma. Será que era todo eso… o tal vez no. Será que era. Que era mucho. O tal vez fue. Mezclaba mi cultura y chocaba.
Me paré a pensar. ¿Qué
estaba escribiendo? Tenía cabos sueltos, frases armadas tratando de construir
una oración, algo con sentido o sin. Pensaba que sentía. No. Sentía que
pensaba. Sentir que sentía. Pensar que pensaba y al final, no estaba pensando.
Me sonrojé con la idea de confusiones, de millones de personas con sentimientos desencontrados. Me reí de mí, en esa situación, en esta situación. Y ya no pensaba en vos, pensaba en mí. O quizá en todos.
Realmente, en nadie.
Me sonrojé con la idea de confusiones, de millones de personas con sentimientos desencontrados. Me reí de mí, en esa situación, en esta situación. Y ya no pensaba en vos, pensaba en mí. O quizá en todos.
Realmente, en nadie.
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