3.11.16

Empecé a dudar como cada día por ley natural. Fui descubriendo diferentes “yo”.
¿Dónde estaba? ¿Dónde me encontraba? ¿Qué camino era el que yo, al final, transitaba?
Empecé a dudar que todos supiesen por cuál camino me encaminaba. Descubrí cómo vemos, pero no miramos. Nos cegamos en un solo sentido, y DECIDIMOS ser ciegos convencidos de una sola cosa.
Me sentí plena. Encontré el lugar para avanzar. Ayudarme para ayudar. Quererme para querer. Confiar para confiarte.
Pero, ¿viste como la confianza es tan fuerte y frágil a la vez? ¿Viste como existe, aparece, para desaparecer a penas no la cuidamos?
Empecé a caminar tratando de dejar de dudar. Ya no era una duda fantasmal. Se terminó por confirmar.
Dejé de ver y miré. Miré como estabas tan alejada a lo que soy. Miré como dejaba de ser lo que soy porque me creyeron el no ser.
Miré como se apagaba algo cuando trataba de mantenerlo prendido.
Dejé mis ojos y percepción a un lado. Mi tacto se hizo cargo del espectáculo y me generó vacío.
No sentía nada por sentir todo. Perdí noción del tiempo frente a un papel que me hizo pensar que no decía nada, diciendo todo.
Creí.
Me creí mía, en mi propia piel. Me creía fuerte, pero me sacaban fuerza, me cargaban más peso del peso debido. Me envolvían en una “verdad” realmente no verdadera.
Abrí los ojos, un poquito más.
Otro poquito.
Abrí los ojos y escribí.
Y cuando me di cuenta de que las palabras no transmitían lo que mi lapicera quería, dejé de escribir.
Milenita 3/11/16

(dame una hoja más)

Comentarios