Te viví lo que te tenía que vivir. Pero, la vida no descansa. Sigue su rumbo, sigue girando. Da vueltas. Cumple ciclos. De una persona, de varias. Crece la florcita y se marchita. 
Te ibas, y al tocar tu nombre volvías a aparecer. Alejabas tu mirada. No te interesaba ningún plano. No estabas seguro de ninguna decisión. 
Nos vimos crecer. Te vi apagarte mientras me veías ser luz. Te perdí en muchas esquinas y en muchas estaciones. Te encontré en algún tren, algún tiempo atrás. Te perdí en mi memoria mientras te recuerdo siendo. Otra luz, otra vela. 
En algún sueño nos vi caminando de la mano. Y sonreías, como, a veces, lo haces. Frenábamos. Tus ojos se clavaban en mí y me contabas otra historia. Una anécdota más. 
Abrí los ojos y te busqué. Seguías ahí.
Te encontré, entre suspiros y sábanas. Con ojos cerrados y brazos cansados. 
Tu mirada encontraba la mía pero ya no eran las historias partícipes de nuestros diálogos. Apenas un par de palabras y volver a perderte.
De a poquito, me di vuelta y te dejé. Tratando de abandonar la última imagen de vos y poder volverte a encontrar en algún sueño. 



Para mi abuelo desde lo más recóndito de mi corazón hasta la fuerza de su pecho inflado. 

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