No me imaginaba encontrarme en aquel lugar. Lleno de un aire que me inundaba de sensaciones libres, haciéndome volar con él y enamorándome de su libertad. 
Estaba dentro de mí volviendo a encontrarme. Estaba viajando en una ruta interna. Me cruzaba con pasos pesados y miradas caídas. Me cruzaba con minis corridas y saltos, mirando al cielo buscando lo imposible. 
Perdí mis huesos, mis neuronas. Me encontré caminando sola de vuelta intentando volver a vivirme. Sin saber cómo hacer, sin saber cómo iba a seguir. Sin saber cómo estar, sin entender cómo era estar sola. 
Agarré fuerte mi mano y emprendí mi viaje nuevamente. Busqué mis propias reglas que había olvidado por completo dónde las había dejado. Y tuve que viajar, tomar muchos caminos que, al final, eran el mismo.
Freno y me doy cuenta que me hablo en pasado. Que me encuentro relatando una historia que pasó sin darme cuenta de que está pasando y todavía no sé como empieza. Porque recién está empezando...
Me encuentro en ropas usadas, rotas, manchadas de historia. Me encuentro con historias que pasaron pero sabiendo que esas ropas perduran. Me encuentro con paredes escritas por alguien que ya no está pero con sus letras y dibujos marcando su pasado. Me encuentro en un presente manchado de pasado.
Vuelvo a mí. Como algunos tiempos atrás, como siempre lo hice. Pero esta vez tal vez es diferente. O quizá sea igual. 

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