20.4.18


¿Temblaba tu mano?
Es un viaje sin pasaje, ni peaje y directo. Solamente de ida. Es el sonido de una explosión. Es tu cabeza explotando. Es sangre corriendo, y una lágrima en el suelo. Un puño sin fuerza y un arma en el piso. Es decisión y acción. Pensar y actuar. Decisión.
Decisiones; ¿no te diste cuenta de que nos marcan? Nos señalan con el dedo y las hacemos propias. Las tomamos de la mano y le juramos amor eterno. Nos sentimos presos si no cumplimos nuestra promesa; nos engaña y, al final, tenemos que volver a escucharla. Tomarla de antemano y ganarle la batalla. Nadie nos gana, y menos ella. Nos cegamos en la idea de que es nuestra y tomar otra decisión es fracaso.
Es un viaje directo a la muerte.
Hasta la misma muerte cuando aparece nos hace ser orgullosos. Aún en el último milésimo de segundo que nos mantiene con vida. Inflar el pecho y disparar. Montarse en una escalera que quizá no sube. Pero tampoco baja. Se queda quieta en un rincón esperando que seamos una idea; que le demos vida cuando estamos quitando la nuestra. Nos aferramos al pensamiento, y a la vez ya no estamos pensando nada.
¿Cómo seríamos si actuásemos con la vida de la misma forma que con las decisiones? ¿Qué hubiesen visto tus ojos al pensar en la muerte? ¿Qué sería de mí, de vos, en este viaje sin vuelta? ¿Se cristalizaría el mar? ¿El sol dejaría de calentar?
¿Qué importancia tiene hacerme preguntas sin respuestas?
¿Temblaba tu mano?

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