Son apenas un par de horas de mi mañana atrasada. Me acompaña mi mate y un cigarro pensante. Me veo dibujando ideas en el aire y llevándolas a palabras; tengo que escribirte. Pienso en tus actos, quizá fallidos, quizá no... Escucho en mi cabeza aquellas palabras que quisieron ser filos en mi espalda, y lo lograron. Quiero entender. O quizá ya no. Quizá solo quiero que vueles, como lo haces, y que algún día aterrices para ver bien y abrir los ojos. (mientras seguis volando); bien alto como decías. Bien alto como lo sabes hacer.
Sin embargo, abro mis alas y yo también deseo volar. Hacia algún lugar que no me llene de dolor y odio. Hacia un espacio donde no vea simples palabras envenenadas de alcohol con intenciones de lastimar…
Y entonces, sigo pensando. Me gustaría tener el poder de hacerte notar ciertas cosas. Pero no lo poseo, y tampoco es mi gran deseo.
Cada uno decide su camino, y así, también, decide qué hacer con las situaciones que se les presenta. Cada uno sabe bien cómo lograr no sentirse afectado por las acciones ajenas; agarrarlas de prepo, (o quizá ya tarde), y transformarlas en una escalera para seguir subiendo y no bajar.
Subí, alegrate. Aleja ya angustia maliciosa, dale un abrazo y mira para adelante. Quizá, recién ahí, me veas.
Comentarios
Publicar un comentario