26.5
Un dia perdí un amor por orgullo. Y tanto era, que me costó aceptar que por eso fue. Después, perdí otro por temor. Estaba tan rota de aquel primero que no podia permitirme volver a destrozarme... sin embargo, lo estaba haciendo, de cualquier forma. Era tal la confusión de mi corazón con mi cabeza que sólo brotaban lagrimas de mis ojos. A veces, ni siquiera se justificaban. Y, quizá, la mayoría.
Adornaba mi dulzura con toneladas de hielo, mintiendome a cada acto; pensando que me salvaba.
Ya, la mayoría del tiempo, me mentía, inconscientemente, creyendome verdad lo que decia; mientras la verdad reposaba en mi mente en cada mirada personal. Estaba desconcertada en mis actos y, hasta a veces, se me perdía la verdadera razón de mi sentir.
Sin que yo quisiese, sentía igual. A cada latida, a cada roce. Por eso, no quería sentirlos mas. Cada uno era una puñalada. Y algunas, más profundas que otras.
Comentarios
Publicar un comentario