Año que está por empezar

Llegan las fiestas, llega el descargo. Se va terminando un año, cerrando su puerta a la vez que abre otra... Otra, llena de sorpresas y esperanzas. De una manera que, quizá, no esperaba. Al lado de personas que llegaron de repente, como lo hizo diciembre y el calor.
Pasaron tantas cosas juntas; tantos desencuentros, idas y vueltas. Llantos, alegrías.
Más desilusiones y corazones rotos que besos y agarradas de mano.
Pasaron tantas cosas juntas que siento que quedé atascada en el tiempo. Anclada en un mes, en un abrazo, una persona.
Me desperté en un día nuevo y mi mente con mis ojos no querían despertar. Mi cuerpo, por inercia, hizo su rutina mañanera. El agua para el mate, el chino para las galletitas y, pronto, un cigarro encendido.
En mi rutina madruguera, ya un poco recargada, mis pensamientos comenzaron a brotar. Y me di cuenta... Diciembre, ya por la mitad de su mes. Momento donde reacciona la trayectoria del año. Donde se encuentra el balance de lo que fue y lo que no. Lo que se esperaba y lo que realmente pasó.
Momento donde ataca la nostalgia.
Momento donde mi cuerpo pide escribir.
Y, sin darme cuenta, lapicera en mano y a explayar. Incómoda por los sentimientos que tengo que enfrentar. Enojada, (triste), por tener que hacerlo sola. Pensando en vos, en mí. En cómo remé y que tan poco te importó. Pensando en cómo me lastimaste, y en cómo me dejé lastimar.
Anhelo que los días sigan corriendo.
Esperanzada de que el tiempo cure todo y ayude a olvidar. Aunque ya haya pasado mucho tiempo y todavía no olvidé.
Corajuda por seguir jugándomela. Abrir mis puños, que de tanta bronca anduvieron cerrados por un tiempo. Volver a abrir mis alas, y tratar de abrazar con ellas a aquel que intenta abrazarme. Siendo mi propio ángel guardián. Guardándome algunas ilusiones en un cajita y tratar de tirarlas al mar de ese olvido. Y, a veces, lo logro. Aún cuando pareciera que cobra vida y vuelve a frotar.
A veces, me encuentro. En plena soledad de noche donde tu ausencia se hace presente en mí. Donde tu olor se confunde entrelazado en mi cenicero y el humo sagrado... En mi cama vacía. En caricias desvanecidas en el aire.

Tiempo. Tiempo donde, en algún momento, nos encontró cómplices de noches sin dormir.
Tiempo. Tiempo que era nuestro y a nadie le importaba.
O eso pensaba yo. Donde cada día me entregaba más, mientras que, por la ceguera del amor, no podía ver que vos te alejabas. Que tanto hablaban... de mí, de vos... Que tanto te invadieron la cabeza y te pusiste en contra de mí.
Tiempo. Tiempo que pasa y me cachetea. Me obliga a aceptar y dejarlo atrás. Haciéndome creer que el tiempo, fue eso perdido. Y que yo, me perdí con él.
Tiempo, días, meses, que se convierte en un nuevo año. Año que está por empezar. Año que, esta vez sí, voy a dejar el pasado atrás.

Renaceré en mis pies cansados.
Renaceré en mis manos acalambradas de escribir.
Renaceré en mi boca enmudecida por no nombrarte.
Y, renaceré, abriendo los ojos y dejándote ir. Como un año que se despide de mí. (y de nosotros...)

Comentarios