Quiero escribir

 Quiero escribir.

Ya no me importa si estoy en mis cabales, o si hace tiempo los perdí. Voy caminando, a veces rabiosa, sin sentido. Sin norte y sin agujas; de esas que conectan hilos. Rojos.
Hilos rojos que nos atan, de buena o mala. Hilos rojos que nos anclan al suelo, mientras elevamos la mente. Nos conectan con el centro de la tierra. Es nuestra raíz, es nuestro cuerpo conectado con todo. Todo, aunque sepamos nada. Ese todo que sentimos que es más grande que el todo que sabemos.
Es que hoy, quiero escribir. Quiero depositar mis dedos en esta máquina que lleva letras en su armazón. Letras que pueden ser sólo eso, o capaz más. Tanto más que no sabríamos hasta dónde podríamos llegar.
Y por eso andamos. Tan rápido y lento a la vez para ver hasta dónde podemos conocer. Qué límites va a sobrepasar nuestra cabeza para saber más. Teorías que crearemos a partir de nuestra experiencia, pero nadie, absolutamente nadie, podría afirmar ni refutar. A tal punto, que la negación va a ser la predominante. Sí. Porque no hay pruebas. No hay nada.
Hasta en esa frase. No hay nada… ¿no hay nada?
HAY nada; porque, aún sin haberlo, hay.
La ausencia no es la inexistencia.
Que no estés no significa que te hayas ido.
Tu ausencia no significa que ya no existas; cuando veo la faceta de tu cara cada noche que cierro los ojos al dormir.
En la “nada”, hay mucho. Quizá tanto, que causa vacío.
En la “nada”, se encuentra “todo”.
Así es como vemos que dos palabras que significan dos cosas totalmente opuestas, al final, llevan más común de lo que creen.
Tal como vos y yo.
Yo tan todo, y vos tan nada.
Cada día caminando por esa línea imaginaria. Para un lado nos acerca, y para el otro seremos dos completos extraños.
Caminamos, a ojos cerrados, a las dos direcciones constantemente. Como si la vida nos fuese a esperar cada día que pasa. Caminamos, cegados, sin querer darnos cuenta que cada día, es un día perdido; y no ganado. Un día más de incertidumbre, de balanceo. Tanto, como si eso fuese sano.
Enredamos nuestras piernas en el dejar pasar las horas. Procurando ser el pensamiento del otro. Aparecer en su mente y querer avanzar un paso más. Confiados en tomar las riendas de la situación y encarar algo positivo.
¿Y funciona?
Hoy quiero escribir.
Llevo tiempo sin revolver los hilos de mis neuronas para entrar en mi sentir.
Algo bien estaré haciendo; si son mis dedos, mis ojos, mi corazón los que quieren salir.
Algo estaré intentando; si es mi mañana productiva a mi ser.
Escribiré, y seguiré escribiendo. Cada vez que siga recordando que soy ceniza de mis propias palabras.

22.4.21

Comentarios